Qué le espera a la economía en Guatemala ante la llegada en EE.UU. de Donald Trump



En este escenario, en el 2017 se pondera el shock externo como variable en la producción en las decisiones que podría adoptar en su segundo año de gobierno el presidente Jimmy Morales, que en el 2016 no brindó señales de adoptar medidas quemejoren el clima de confianza.

“Dependerá de qué medidas el nuevo gobierno —de Trump— pueda implementar, y mientras tanto prevalece un ambiente de mayor incertidumbre. Sin embargo, las medidas que finalmente se terminen adoptando estarán en función de una gran cantidad de factores, tanto de índole económica como política”, indicó Roberto Campo Gutiérrez, subsecretario ejecutivo del Consejo Monetario Centroamericano, para el caso de Guatemala.

Por el lado del desempeño de los indicadores macroeconómicos no se vislumbran sustanciales cambios y todo indica que será un ejercicio similar al del 2016.

Se prevé que se presente un pliego de reformas constitucionales, así como al sector justicia y al fiscal.

¿Qué podría cambiar?

Durante la campaña política, el presidente electo estadounidense habló de cuatro ejes que tendrían un impacto sobre la economía nacional y regional.

La deportación masiva de indocumentados, la renegociación del Tratado de Libre Comercio (Cafta), sanciones a empresas que inviertan fuera de EE. UU. y revisión de la cooperación internacional, que abarca la iniciativa denominada Plan para la Prosperidad.

De esos cuatro ejes, el más importante sería el relacionado con las deportaciones, porque tendría consecuencias sobre el flujo del ingreso de divisas por remesas familiares.

Ese rubro respresenta el 11% del producto interno bruto (PIB) y cumple una función de apalancamiento que activa el consumo interno. En el 2016 se espera que cierre con US$7 mil millones en remesas.

Sergio Recinos, presidente en funciones del Banco de Guatemala y la Junta Monetaria, explicó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) identificó varias acciones que podría impulsar Trump.

La primera, dijo, se refiere a una política comercial que busque convertir a Estados Unidos en un país menos abierto al comercio exterior, una reforma fiscal que combine una reducción de impuestos a las corporaciones y un incremento del gasto en infraestructura.

Además, una menor regulación del sistema financiero y una postura más restrictiva en términos de migración.

“Persiste la incertidumbre acerca de dichas propuestas, así como sobre la capacidad real de implementación que tendrá el nuevo gobierno estadounidense, ante el equilibrio de poderes —sistema de pesos y contrapesos— que existe en el sistema político del referido país”, dijo.

Según Enrique Lacs, viceministro de Economía, no habrá cambios bruscos en la economía estadounidense, y consideró que las expectativas de crecimiento económico e impacto a nivel mundial cambiarán hasta que se conozcan los detalles de las políticas en materia comercial, inmigración y de cooperación que se aplicarán con el cambio de gobierno.

“Por el momento, percibimos que no habrá variaciones sustanciales”, subrayó.

Guerra comercial

Pero, para el sector comercial, podría producirse un cambio en las reglas del juego.

Trump se ha referido a su intención de renegociar los acuerdos comerciales que su país ha suscrito en años anteriores y de aquellos que están en fase de discusión.

Para Lacs, el enfoque de ese planteamiento sería más para para el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta) y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que el firmado con el bloque centroamericano.

Explicó que una renegociación del Cafta siempre es posible en tanto los Estados parte lo consideren conveniente y exista consenso y reciprocidad y cualquier decisión se mantenga dentro del objetivo del Tratado.

En todo caso, afirmó el viceministro, de llegarse a convocar a la comisión administradora, habría una oportunidad de mejorar condiciones de acceso de algunos productos y bienes guatemaltecos.

Campo señaló que dependerá del tipo de renegociación y cualquier nuevo pacto implicaría un retroceso en cuanto a la liberalización del comercio de bienes y servicios, e introducirá distorsiones e ineficiencias al funcionamiento de la economía, lo que afectaría el crecimiento.

Además, golpeará de manera directa el empleo que se ha generado en países menos desarrollados, donde las empresas se han instalado por el menor costo de la mano de obra.

“Un problema adicional está en la respuesta que pudieran adoptar otros países, siendo una guerra comercial proteccionista una de los principales riesgos y amenazas en el contexto mundial”, agregó Campo.

En el acuerdo específico para el país, con 10 años de vigencia, se encuentra libre de pago de arancel —acceso— el 97.7% de productos originarios de EE. UU. que ingresan al mercado guatemalteco, mientras que el 98.2% del total de productos guatemaltecos puede ingresar al mercado estadounidense.

EE. UU. es el principal socio comercial de Guatemala, con el 33% de exportaciones y 38% en importaciones a octubre.

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